La Edad Oscura


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Homero y los reinos del mar  es una novela ambientada en la “Edad Oscura”, los siglos que median entre la desaparición de la cultura micénica (período heroico, siglos XIII, XII, XI AdC), y los que conocemos como propios de la civilización griega clásica, a partir de los relatos homéricos de la Iliada y la Odisea, datados alrededor del siglo VIII AdC. Por tanto, el argumento se desarrolla en una época sobre la que poseemos escasa información, a menudo controvertida.

Sabemos que tras las sucesivas guerras de Troya, la irrupción de los dorios (barbaroi) en el Peloponeso y la extinción del mundo arcaico, se produjo un hondo cataclismo que afectó a toda la zona mediterránea: desplazamiento de pueblos en perpetua beligerancia y caída de centros de poder tan relevantes como Creta o el imperio hitita. La escritura desapareció durante casi cinco siglos y sólo consiguió renacer en tímidos avances a partir de la oralidad literaria. Este retroceso en la Historia, característico de la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, siempre ha supuesto un reto para investigadores, arqueólogos, lingüistas e historiadores; y, por supuesto, para los escritores, quienes suelen desenvolverse como pez en el agua cuando se trata de recrear desde una perspectiva ficcionaria épocas que, por desconocidas, son terreno virgen para la imaginación.

La existencia del poeta Homero es una incógnita, no digamos la veracidad de su atribuida autoría de la Iliada y la Odisea. El autor se ha permitido por tanto, en el transcurso de esta novela, llevar y traer al poeta ciego por todas las esquinas del Mediterráneo, sabedor de que dichos azares son muy poco probables aunque, tratándose de un marco histórico tan confuso, no debería existir quiebra de verosimilitud en el relato.

Sobre los amplios dominios de Tartessos y la figura del rey Argantonio sucede prácticamente lo mismo. Las noticias que tenemos acerca de aquel emporio nos llegan a través de los historiadores clásicos, cuya veracidad y exactitud se ven solapadas a menudo por el esmero literario. Se ha incidido en un aspecto de la civilización tartésica que resulta especialmente evocador: su relación con los pueblos de Asia Menor, la lengua minoica y concomitancias político-culturales con la región de Jonia, en particular con Focea. Esta perspectiva, tomada a beneficio del interés literario, no es sin embargo caprichosa. Existen estudios bien fundamentados, aunque lógicamente no del todo confirmados, sobre la procedencia minoica de la cultura tartésica. Los trabajos de los profesores Juan Solbes y Manuel Godoy son ejemplo de ello.

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La localización de la ciudad de Tartessos sigue siendo asunto controvertido, aunque la mayoría de hallazgos y estudios arqueológicos apuntan con casi toda probabilidad a los actuales entornos de Huelva. En la novela, sin embargo, por conveniencia para el desarrollo del argumento, se ha situado a Tartessos muy próxima a Sevilla, en territorio que podría coincidir con la antigua Itálica, emplazamiento predilecto de todas las culturas presentes en el sur de la península ibérica desde que tenemos constancia tanto arqueológica como documental.

Los viajes de los marinos tartesios hasta las costas británicas (Las Grandes Islas del Norte) se encuentran documentados en autores de la antigüedad, especialmente en Rufo Festo Avieno en Ora marítima. Las relaciones comerciales con Cornualles (Cornovii), sobre todo la exportación e importación de metales, se mantuvieron ininterrumpidamente hasta el declive de esta civilización.

La morada de Océano”, escenario importante en la novela, coincide con el cabo de San Vicente, en el preciso extremo sur occidental de la península ibérica. Dicho sobrecogedor enclave fue considerado “promontorium sacrum” por los romanos, quienes erigieron en el lugar un afamado templo al dios Saturno. Esta predilección tenía su antecedente ancestral en la certeza de lugar sagrado con que habían distinguido a aquellos entornos los pueblos asentados en el sur peninsular: fenicios, celtas, iberos, tartesios y griegos.

Las opiniones que en determinado pasaje de la novela vierte el rey Argantonio sobre los fenicios (phoenikoi), son literal traslado de las que podemos leer en Plutarco y Pomponio Mela.

A lo largo de la novela se hace alusión a concretos lugares con su nombre aproximadamente original, en evitación de anacronismos. Siempre que ha sido posible, no obstante, se les menciona con su denominación actual.

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