El gentilicio Hómēros proviene de la lengua eólica. Significa rehén, prenda o garantía. Según algunos teóricos, el nombre del poeta provendría de los llamados Homēridai, hijos de rehenes, descendientes de prisioneros de guerra. Dado que no eran enviados a la guerra, pues se dudaba de su lealtad, no morían en ella. Se les confiaba el trabajo de recordar la narración épica local, para reproducir oralmente sucesos pretéritos, en tiempos anteriores a la llegada de la literatura escrita.

También se ha conjeturado con que el nombre Hómeros es un juego de palabras, derivado de la expresión ho-me-horón, que significa el que no ve.
En la figura de Homero se conjugan mito y realidad. La tradición sostiene que Homero era ciego. Varios lugares reclaman ser su patria natal: Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Rodas, Salamina, Pilos, Cumas e Itaca.
El Himno homérico a Apolo menciona del narrador que es un ciego que reside en Quíos, la rocosa». Simónides de Amorgos atribuye al hombre de Quíos el siguiente verso de la ‘Iliada: ¿Por qué me preguntas mi linaje? Como el linaje de las hojas soy. Este verso se convertiría en proverbio en la época clásica: Como las generaciones de las hojas, así son los linajes de los hombres.
Aunque ya en la época de la Grecia clásica no se conocía nada concreto y seguro acerca de Homero, a partir del periodo helenístico empezaron a surgir una serie de biografías acerca de él que recogían tradiciones muy diversas y a menudo datos de contenido fabuloso. En estos relatos se mencionaba que antes de llamarse Homero se había llamado Meles, Melesígenes, Altes o Meón. Existen, por tanto, datos muy diversos y numerosas variantes acerca de su biografía… en el caso de que realmente alguna vez existiera un poeta llamado Homero.
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